MACRISMO Y POS-MACRISMO

Del knock out técnico a la última contraofensiva de saqueo
Por Burián Montenegro

Parece mentira, pero no hace tanto, más precisamente el lunes 12 de agosto pasado, al día siguiente del categórico resultado de las PASO, al gobierno macrista le flameaban las piernas.

Desesperado por la corrida extorsiva liderada por el Fondo Franklin Templeton Investiments, Macri, ya contra las cuerdas, intentaba un contragolpe, lanzando golpes al aire sin impactar uno sólo de ellos en su objetivo principal (la oposición y sus votantes) a tal punto, que al día siguiente tuvo que salir de un modo muy poco convincente (tal como suelen presentarse sus acciones y sus dichos) a pedir disculpas ante la opinión pública.

Los hechos que se sucedieron en esos agitados días no tienen otra causa que no sean las desastrosas consecuencias de sus políticas de Estado, especialmente aquellas fundadas en la pretensión de gobernar con deuda.

¿Mala praxis? ¿Estafa? Resulta difícil pensar que al “mejor equipo de los últimos 50 años” se le haya escapado la perdiz, dejando al desnudo como nunca una trama coordinada entre el gobierno y los grandes grupos financiero-bancarios acreedores del Estado. Un mecanismo que ya había puesto en práctica el kirchnerismo en sus últimos años de mandato para hacer frente al déficit, y que desde la llegada de Sturzenegger al BCRA se elevó a su máximo grado de exacerbación. Se trata de una sangría de dinero jamás vista basada en una trampa de arbitraje entre tipo de cambio y tasa de interés que administra el BCRA, en coordinación con los grandes grupos financiero-bancarios acreedores del Estado. Dicho de un modo más sencillo, todos los días, los poseedores de letras de liquidez se presentan ante la máxima autoridad monetaria (¿máxima? ¿autoridad?) con un ultimátum más o menos del estilo “o me subís la tasa de interés o me paso al dólar”. Dicho procedimiento puede verse también en números concretos: con el fin que los chantajistas renueven todos los días sus papeles, el Banco Central cubre vencimientos de intereses pagando sumas del orden de los $ 3.400 Millones (el equivalente a la construcción de dos hospitales de mediana complejidad o a 36 escuelas bien equipadas por día) .

Para satisfacer a esos timadores de guante blanco, el procedimiento del BCRA consiste en subir y mantener elevada la tasa de interés que paga por esas letras de liquidez, y que hoy, al 3 de octubre ronda el 80 % anual, (la tasa más alta del mundo, por lejos). Este disparate inconcebible que pone de manifiesto el juego de connivencia delictiva entre gobierno y acreedores financiero-bancarios, puede decirse que se articula con el esquema promovido por el mismo gobierno macrista, puesto que permite el libre movimiento de entrada y salida de fondos de inversión, a quienes se les concede ingresar e irse del país cuando se les cantan las ganas y sin costo alguno. Una manera eficaz de estimular la total e irrestricta volatilidad de divisas, lo que implica la extranjerización total del superávit comercial.

Pero por si esto fuera poco, diría un vendedor ambulante, esta configuración criminal se completa con la participación estelar del FMI, quien en el lapso de apenas un año y medio ya ha aportado “generosamente” 45.000 de los 56.300 millones de dólares del préstamo ampliado a fin de que Macri pudiera responder a los vencimientos que el país debía afrontar con los acreedores financieros del Estado durante el bienio 2018-2019. Tanto desprendimiento altruista emocionaría al más insensible de los insensibles si no fuera porque son los mismos acreedores representados por el FMI quienes aprovecharon todas y cada una de las oportunidades que les brindó el gobierno para fugar al exterior 34.000 de esos 45.000 millones de dólares; es decir, el 75 % del monto total otorgado por el Fondo. El resto, chi lo sa. Ni una escuela, ni un hospital, ni una sola ruta o autopista.

Resumiendo, el gobierno estableció desde el día uno de su mandato un sistema de financiación, no sólo basado en un ajuste brutal con despidos, devaluación y por ende licuación de la deuda en pesos intra-Estado, sino también con la indiscriminada emisión de letras del BCRA a tasas bien altas. En abril de 2018, una vez que ya no pudo echar mano a la cartera de créditos del Banco Nación, al Fondo de Garantías del Anses, a la emisión compulsiva de títulos provinciales y municipales (esquema que en menor escala ya había puesto en marcha el kirchnerismo), Macri encontró el mejor de los pretextos para romper el vidrio del más conocido de los “matafuegos”, y recurrió a quien en campaña había prometido no recurrir: al Fondo Monetario Internacional. Un matafuegos que no suele apagar incendios, sino más bien, siempre termina azuzándolos.

Tan frágil ya era la situación planteada en abril de 2018, que una vez sentenciado Cambiemos en las PASO en agosto de 2019, los prestamistas del Fondo comenzaron a murmurar por lo bajo la inconveniencia de continuar dándole aire a un muerto. El capital tiene su lógica, y como no es tonto, siempre busca su máxima rentabilidad, caiga quien caiga. En especial la lógica de la usura está basada en algo que en apariencia se ve como una paradoja, pero en realidad no lo es. El prestamista no pretende la cancelación de la deuda, sino todo contrario. Es decir, lo que pretende es mantener al deudor enredado ad infinitum en una racionalidad tramposa, y si fuera posible, avanzar sobre su patrimonio.

Macri, un tipo de suerte

Todo lo que han hecho hasta aquí esos capitales especulativos (y sobre todo el FMI por supuesto) fue sostenerle el respirador artificial a un presidente que empeoró, al cabo de 4 años, todos los índices habidos y por haber (inflación, pobreza, desempleo, subocupación, pobreza, etc.) arrastrando al país a una nueva cesación de pagos de una deuda que él mismo contrajo y que sólo se animó a blanquear en relación a las letras del BCRA mediante el eufemismo del “reperfilamiento”.

Ha sido un tipo de suerte Macri. De cada 10 dólares que el FMI tenía disponibles en su cartera de créditos, 6 fueron al circuito de la timba nacional que lo sostuvo hasta el día de hoy. Asimismo, todos esos índices pavorosos más arriba mencionados, podrían haber sido suficiente motivo para un plan de luchas desde el mismo momento en que se empezaron a insinuar las consecuencias de esas políticas allá por el 2016, y quien sabe, podría haberse evitado todo este latrocinio. Pero he aquí que durante estos 4 años la CGT durmió de un modo descarado y sigue durmiendo a pata ancha el sueño de los justos. No se puede quejar Macri. Hasta aquí, muchas de las repulsivas leyes de ajuste que ha enviado al Congreso han contado con el voto afirmativo de los que ahora se perfilan como opositores. Pero eso no es todo. Para completar el panorama, comienza a surgir en el firmamento de los grandes desaguisados nacionales la figura del “pacto social” de la mano del candidato Alberto Fernández (salvo un cataclismo, futuro presidente), la CGT cómplice y un sindicalismo, representado en la figura de Hugo Yasky, que hasta ayer nomás se jactaba de “independiente”. Alberto le pide a los hambrientos calma y a los pilotos de Aerolíneas que levanten el paro. El argumento no sería difícil de interpretar si no fuera porque mientras se pretende ponerle un freno a las luchas populares, Macri y su pandilla continúa con una contraofensiva de saqueo indiscriminado de reservas, refinanciación de intereses de las Leliq, iniciativas y decretos destinados a recortar derechos laborales y constitucionales, es decir, todo el trabajo sucio a imagen y semejanza de los intereses y requerimientos de los acreedores; trabajo sucio, dicho sea de paso, del que Alberto se verá eximido de llevar a cabo, siempre y cuando los caranchos no le impongan condiciones aún más leoninas.

“Las deudas se pagan, pero no a costa del pueblo”, dice Alberto Fernández en uno de sus spots de campaña. Si no se trata de una mentira más de un político más de la burguesía, deberíamos inferir una suerte de fórmula mágica, dentro del esquema capitalista de acumulación, que por primera vez en 43 años de expolio ininterrumpido obligara a que una estafa de este tipo sea saldada por los estafadores y no con la confiscación compulsiva de la riqueza que genera la clase asalariada. Si esas fueran realmente las intenciones de los que se dicen opositores, harían todo lo posible para frenar esta última sangría criminal ahora mismo.

La gran desgracia del pueblo argentino radica en la coexistencia, a veces más explícita, otras más oculta, con un sistema de deuda perpetua al que está sometido de 1976 a la fecha por el imperialismo, los organismos financieros internacionales y sus socios locales. Todo el atraso y la dependencia que ya padecíamos como país, se intensificaron sensiblemente en este ciclo histórico que ya lleva 43 años, con sus irremediables consecuencias que no vale la pena enumerar porque cualquiera que las haya sufrido las conoce de sobra.

Todo dirigente político, gremial o social que no pretenda sacarse de encima a los delincuentes del FMI, a los fugadores de divisas, a los especuladores y estafadores de la banca privada, estará repitiendo fórmulas que por derecha o por “izquierda”no han hecho otra cosa que profundizar la entrega y la dependencia, en contra de todo proceso emancipatorio.

Con esos criminales de la usura capitalista no hay caso, se convive con ellos o se los confronta.

Revista comunista de análisis y debate