DEL DICHO AL HECHO HAY UN ALBERTO

Por Leandro Gamarra

“Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sÍ, no podemos tampoco juzgar a estas épocas por su conciencia”

(K. Marx, Prólogo a la Crítica de la Economía Política)

 “Por sus frutos los conoceréis”

(Mateo, 7: 15-20)

A ver, repasemos de las últimas noticias, las más importantes.

Mientras rige la cuarentena y el aislamiento social por la pandemia de COVID-19, continúan los casos de femicidios, la burocracia de la UOM negocia con la patronal y con el Ministerio de Trabajo sueldos a la baja y despidos, Alberto dice que “con Techint el tema de los despidos está superado”(sic), luego felicita a la Gendarmería (sí, la misma responsable del secuestro y asesinato de Santiago Maldonado), sube el dólar,  sube la cebolla, el pan, los huevos, los limones, y cada vez son más los que están llegando al límite de la desesperación por no saber qué es lo que van a llevar a sus bocas para sobrevivir.

Si bien “hay más informaciones para este boletín”, creemos que la novedad más relevante consiste en que en medio de esta pandemia mundial que ha encontrado al capitalismo global con el culo al aire (porque es evidente que la mayoría de los decesos tienen una relación directa con la desfinanciación de la salud pública por parte de los otrora “Estados de bienestar”); decíamos, creemos que la novedad más relevante es sin duda que al gobierno nacional, en medio de este zafarrancho sin límites que provoca la caída estrepitosa de la economía, no se le ocurre mejor idea que seguir otorgándole status de honrosa a una deuda que está más sucia que una papa. Justo en el momento en que crujen las estructuras del sistema por abajo y por arriba, y se debilitan sus mecanismos de dominación y explotación.

Pero en fin, con un gobierno gattopardista, es decir, un gobierno que amaga con la izquierda pero patea con la derecha, suele suceder siempre lo mismo cuando tiene una claque que lo aplaude por un lado, y un lobby que se come los amagues por el otro. Unos y otros se terminan creyendo el cuentito de la Buena Pipa, es decir, el cuentito de la Deuda, el Gran Fetiche de la economía argentina que ha condicionado la vida ya de millones y de varias generaciones de asalariados y trabajadores independientes al cabo de por lo menos cuatro décadas.

Mientras tanto en Albertolandia la mesa está servida para los bancos y las prestadoras de servicios, que ya tomaron nota que tienen en el presidente a un gran aliado y benefactor. Quien alguna vez fuera señalado por 678 como “el operador de Repsol y del Grupo Clarín” en la Casa Rosada, ahora le ha regalado entre otras cosas a la banca privada la posibilidad de una refinanciación compulsiva a los usuarios de tarjetas de crédito con tasas de interés por costo financiero que llegan al 80 %, según el banco. – “No habrá bloqueo de su tarjeta, siga gastando tranquilo”, se les dice a los pobres infelices que deberán pagar en tres meses siete veces más por la que gastaron para llenar la heladera y las alacenas de papel higiénico. Algo parecido sucederá cuando la semana que viene, los pequeños ahorristas (base social que comparten progresismo y macrismo) respondan al “favor” que les ha hecho el gobierno de retirar de sus cajas los dólares que prontamente se volatilizarán pagando tarjetas y servicios, retornando de ese modo particular de circulación a sus “naturales custodios” de la banca y los monopolios. En la misma dirección, la misma suerte correrán los hasta ahora supuestos “beneficiarios” del IFE. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que los famélicos 10 mil pesos destinados a esos bolsillos ya bastante empobrecidos de millones de cuentapropistas y trabajadores precarizados se harán rápidamente polvo en el aire  pagando servicios y comprando alimentos a precios que la inflación y la especulación de los monopolios se están llevando puestos, a niveles que los convierten en inalcanzables.

El profesor Fernández por lo visto, recurre al paternalismo, a cierta épica patriotera y a la lágrima fácil para cohesionar al cuerpo social, pero excluye de su didáctica por ejemplo, a los trabajadores de la salud que siguen cobrando un sueldo de miseria, cumpliendo tareas con contratos basura y en muchos casos, sin contar con las mínimas condiciones de seguridad sanitaria, como el caso que hemos visto en la últimas horas en el Hospital de San Martín, donde hay diez enfermeras y cinco médicos contagiados por no contar con lo básico para protegerse del virus.

Tampoco figuran en la filminas del Profesor Fernández al tendal de Pymes que va dejando la crisis y que ya se encuentran a punto de bajar la persiana, cuando se les ofrecen créditos inverosímiles, por lo que se ven obligadas a autofinanciarse, ya que les resulta imposible sostener un pasivo contrayendo otro pasivo a tasas exorbitantes, y mucho menos sin capital suficiente para reactivar la producción en un ciclo económico de dudosa estabilidad.

Acerca de la también ilusoria “suspensión de despidos”, hemos visto de qué modo la ficción deja paso al género burlesco, cuando la gran burguesía, que salió a exhibir su autonomía de la supuesta (siempre supuesta) autoridad de la clase política, en una demostración de “acá mandamos nosotros”, cuando en verdad resulta más que ridículo pretender un control sobre la capacidad laboral de un país donde existe más de un 30% de trabajo informal o precarizado. (No sabemos en este caso y en otros, si quien se burla es la patronal, o la patronal con la complicidad del gobierno, aunque no es difícil sacar conclusiones).

Y ahora volvamos a la “gran noticia”, la “audaz” propuesta de canje de deuda que propone Fernández-Guzmán[i]

Más allá de lo señalado más arriba en relación a la impúdica legitimación de una deuda fraudulenta que ya fue pagada cinco veces con sangre, sudor y lágrimas por muchas argentinas y argentinos, lo que en apariencia se presenta como “quita” no es muy distinto a lo que resultara de los muchos canjes (refinanciaciones) que ya se han llevado a cabo desde los tiempos en que la cartera de economía la ocupaba Roberto Alemann, durante la dictadura militar, pasando por el Plan Brady, el Blindaje, los canjes de 2005 y 2010, hasta la fecha. Todos ellos con resultados desastrosos para los intereses del pueblo y de la clase obrera. Desde los más publicitados hasta los menos conocidos.

Lo real es que la deuda sigue su curso de vencimientos y de reendeudamiento con nuevos pagos y nuevos préstamos. A pesar de que el gobierno dice una cosa y hace otra, con la complicidad de los medios, propios y ajenos.

Con un dólar que ya rompe la barrera de los $ 100 y con una caída del PBI de un 5%, según estimaciones del FMI y el Banco Mundial, estaremos ante una fase de depresión económica que significará a corto y mediano plazo, más miseria, más empobrecimiento.

En relación a cómo se venden los anuncios, el primer aplauso que se oye desde la tribuna para la que el gobierno suele vender humo, surge a partir de lo que se ha dado en llamar “período de gracia” de 3 años. Claro, qué otra cosa podemos esperar cuando los políticos de la burguesía “piden tiempo” para “recuperarse” y así “darle más sostenibilidad a la deuda”, que no sea más ajuste, más caída del salario y del poder adquisitivo, más concentración de la riqueza, más extranjerización de los recursos. De esa “gracia” nos habla el tándem Fernández-Guzmán. Luego, la quita de apenas un 5,4 % sobre el capital (que será compensada con la emisión de un cupón que arranca en un 0,5 % y llega a un 2,33 %) es un verdadero “boccato di cardenale” para los acreedores, que aún con una quita del 62 % sobre los intereses de unos bonos que han sido adquiridos por chirolas pero que todavía no sabemos a cuánto serán valuados, (aunque sí sabemos que pagan unos promedios de interés que no se ven en ninguna parte del mundo), saben que de alguna u otra manera seguirán teniendo la vaca atada y a la economía de rodillas, siempre y cuando a ningún “loquito” se le ocurra pedir una auditoría e investigar todo el origen de una deuda espuria y odiosa.

En este panorama, se la presenta de pronto a la muy callada Cristina con su hijo y el dueño de un banco como los grandes héroes populares que promueven un impuesto a la riqueza, que en los hechos, (si es que no es otra coartada distractiva), apenas recaudaría la sexta parte del monto fijado por el Congreso para el pago de intereses de la deuda pública cuando se votó en el último presupuesto. Un chiste.

Entre tanto amague, el pueblo es quien en realidad sigue pagando impuestos que administra el Estado según los intereses de la clase dominante.

En este panorama extremo de desesperación que se plantea para los sectores más vulnerables de la sociedad que ya veían agravada su situación antes de la pandemia y de la cuarentena, a los verdaderos comunistas nos resulta del todo absurdo otorgarle un rango de idoneidad al mismo Estado que administra y arbitra a favor de los intereses del capital concentrado, yendo detrás de estas proposiciones ridículas que se plantean desde un pretendido progresismo, sobre todo cuando se deja de lado la perspectiva de un programa revolucionario que tenga como punto principal el control social de los medios de producción. No vamos a pecar de ingenuos pidiéndole a la lumpenburguesía reformas que van contra sus propios intereses. Mucho menos vamos a convertirnos en sus “escuderos por izquierda”, como vemos en algunos personajes que están llevando a cabo esa tarea ruin y de manera desvergonzada. Confundiendo, deshonrando y traicionando la historia y la memoria del movimiento revolucionario.

Por de pronto, se lo ve al capitalismo desconcertado y desnudo, mostrando su habitual lado más oscuro y oculto. Y es tiempo de revolución, igual que siempre.

Podrán decir que somos soñadores.

Pero no somos los únicos.


 

[i] En medio de una cuarentena que ha paralizado la economía casi por completo y que ha generado un alto grado de incertidumbre con respecto a la futura situación económica, el gobierno lanzó una propuesta a los bonistas para refinanciar la deuda, con quitas y plazos importantes.

Dentro de las propuestas emitidas por la secretaría de finanzas del Ministerio de Economía figuran, un período de gracia por 3 años con una quita de capital del 3% y una reducción del 62% en los intereses. La cantidad de bonos a restructurar son en total 21, por un monto total de u$s 66.238 millones, todos en moneda y legislación extranjera.

Esta propuesta, que se produce ante la falta de acuerdo con los tenedores de deuda, tendrá un tratamiento diferencial y con distintas ofertas respecto a cada bono, siendo los emitidos en el 2005 (durante la presidencia de Néstor Kirchner) los más beneficiados. La propuesta en términos generales consta de una prorroga hasta el 2023 y un cupón promedio en torno al 2,3%.

Dentro de la evaluación presentada por el gobierno, para avalar reestructuración, figuran los datos macroeconómicos con respecto al ratio de deuda/pbi e intereses/pbi, los cuales se mencionan como niveles máximos históricos. El total de deuda se calcula en un 88,8% del pbi con una composición del 69% en moneda extranjera, mientras los intereses se ubican en un 18,4%.

Para determinar la imposibilidad de pago el gobierno menciona dos aspectos claves, por un lado, los altos costos para acceder a los mercados financieros, con una tasa de interés del 35%, como consecuencia del incremento en 4000 puntos del riesgo país y por otro, la reducción de las reservas del BCRA.

Al final de la presentación se expone un cuadro comparativo entre el ahorro, que se lograría por la reestructuración, con la posibilidad de asignar recursos a distintas asignaciones sociales. Lo cual está claramente destinado a lograr un consenso interno que a conmover a los acreedores.

Estos lineamientos generales tienen un plazo de 20 días para que sean aceptados, dentro del cual deberán estar de acuerdo con la oferta una mayoría de los tenedores de bonos, que varían, según contrato, entre un 60 y un 75%. Si bien cada acreedor tiene distintas preferencias a la hora de aceptar distintas quitas y plazos, la opción por el litigio en tanto costos y tiempos da chances al gobierno de llegar a un acuerdo, pero la falta de referencia de los bonos en el valor de mercado hace que los bonistas ponderen los porcentajes del PBI y la falta de un programa económico concreto.

 

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